Revista Mensual | Número: Julio de 2006
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Fuentes consultadas:
EE.UU.-Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW).
China: Xinhua (XH). Rusia: Russia Today (RT). Irán: HispanTV (HTV). Líbano: Al Manar (AM).
Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Brasil: Folha de São Paulo (FSP). Colombia: El Tiempo (ET).
Argentina: Clarín (CL); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Página/12 (P12).
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Enfrentamientos en el plano militar: inestable madeja donde confluyen líneas reales y líneas potenciales de conflicto

Afganistán: el caos, su necesidad y su causa

Palestina: el enfrentamiento en un particular enclave de "Occidente"

Irak e Irán: el chiísmo y su desdichada conformación como poder regional

Corea del Norte: fiel a su historia, oportuno con sus alianzas


Los principios generales y, en alguna medida, abstractos, que apuntamos en la Introducción, toman forma concreta cuando observamos los conflictos propiamente dichos. Esa diversidad de situaciones, producto del desarrollo histórico de las diferentes condiciones materiales de existencia de un espacio social dado (formaciones económico-sociales), constituyen la materia prima desde donde partir para observar las regularidades que conforman la esencia que las une. Establecer las relaciones entre el rearme norcoreano, las caóticas situaciones de Afganistán e Irak, el desigual combate entre Israel y Palestina y el desarrollo nuclear iraní, partiendo del supuesto de que son parte de un mismo proceso, supone establecer el principio rector de cada uno de ellos dentro del esquema esbozado: en qué medida es el control de recursos de la región o el papel en el juego de alianzas el factor principal que actúa en cada uno de ellos. ¿Se trata del interés de una fracción del capital en términos de una rama específica o del conjunto de ramas de un espacio de acumulación particular (nación o bloque)? Intentaremos detectar los indicadores que darían cuenta de ello, partiendo de la premisa de que con frecuencia se dan simultáneamente circunstancias en los distintos órdenes; por ende, necesitamos establecer el orden de primacía. Pasemos entonces a la descripción de los conflictos.

Afganistán: el caos, su necesidad y su causa

La intervención en la remota región del centro de Asia tuvo su origen en los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra EE.UU. La respuesta del gigante herido se dirigió contra los ejecutores de los aceitados atentados. Adjudicación de por medio, las represalias se dirigieron contra aquellos países donde se encontraba la red terrorista Al-Qaeda. Pero esto no era parámetro suficiente, pues tratándose de una organización "internacional" de origen musulmán, suponía atacar prácticamente a todo Medio Oriente. Fue necesario agregar alguna circunstancia o cualidad a los destinatarios de la represalia, en función de que importantes "semilleros de terroristas" incluían a países aliados como Arabia Saudita. Así, los esfuerzos se dirigieron contra el régimen Talibán, que incompletamente gobernaba el territorio afgano. Se sostenía que el gobierno permitía y protegía el funcionamiento de la jefatura de la red terrorista Al-Qaeda.

La intervención norteamericana a fines de 2001 rápidamente derribó el régimen y desbandó sus efectivos militares, empujándolos a una estrategia de guerra de guerrillas. Aunque sí capturaron a numerosos miembros de la red terrorista, el saudita Osama Bin Laden, su jefe, nunca fue encontrado, alimentando la imaginación de los pueblos musulmanes y el escepticismo de las audiencias de occidente. Inmediatamente, EE.UU. comenzó a despegarse del conflicto: desde 2002 comenzó a transferir el manejo militar a las fuerzas de la OTAN y el manejo político a las autoridades locales de su agrado. En octubre de 2004, en elecciones sumamente precarias y limitadas, fue elegido Hamid Karzai, quien nunca pudo lograr un control real más allá de su capital Kabul y de algunas ciudades importantes.

Dicho desinterés, en parte compartido por el mando de la OTAN, llevó a que "desde mayo las milicias Talibán se encuentren a la ofensiva" (WP 10/6). Este avance fue posible gracias a que la retirada paulatina de efectivos de EE.UU. no se vio compensada con nuevos efectivos internacionales ni por la creación del ejército afgano en 2002. De hecho, el objetivo original de conformar una fuerza de 70.000 efectivos fue rebajado recientemente por EE.UU. a 50.000, tal vez para hacer menos inalcanzable la brecha respecto de los 30.000 que lo conforman actualmente. Demos o no crédito a las afirmaciones lanzadas por el líder Talibán, Mullah Dadullah, a través de la red Al-Jazeera, sobre los 35.000 combatientes que aguardan sus órdenes de redoblar la ofensiva, lo cierto es que la situación en Afganistán es caótica.

De hecho, la situación guarda una sorprendente similitud con la registrada antes de los atentados de 2001. El 9 de septiembre de dicho año, los Talibanes dieron muerte al comandante Ahmed Shah Massoud, hecho fundamental para reducir los últimos bolsones de resistencia armada en el centro y noreste del país. Culminaba un proceso de unificación llevado a cabo mediante el triunfo militar sobre tribus armadas y milicias regionales iniciado en 1995. Hoy en día, la única diferencia es la presencia militar internacional, cada vez menos convencida de su tarea en el lugar. Karzai se ve empujado, entonces, a buscar en otros sectores la posibilidad de sostener su autoridad, lo que favorece la dispersión del poder. Al tiempo que "criticó fuertemente a las potencias extranjeras por ignorar reiteradamente sus pedidos de ayuda para consolidar las fuerzas nacionales de seguridad, sugirió que se debían conformar fuerzas de seguridad locales (una ‘policía comunal') para proteger regiones remotas y vulnerables donde las fuerzas nacionales tienen poca presencia. Para los observadores extranjeros, se reaviva la posibilidad de que resurjan las milicias islámicas y tribales, luego de cuatro años de costosa desmovilización y desarme" (WP 26/6). ¿Existe la posibilidad de otro esquema de poder en Afganistán? Para ello debemos establecer cuál es la importancia del país en el escenario internacional y, en función de ello, cuál es la mejor estrategia para controlar el territorio por parte de las principales potencias.

Lo que se busca en Afganistán

Anteriormente observamos los motivos directos, coyunturales, de la intervención extranjera en Afganistán. La causa se vinculaba con la necesidad de castigar una agresión por parte de un adversario, en este caso, islámico. Ahora bien, esta motivación no existía en el vacío: determinado desarrollo histórico la vinculaba con sucesos anteriores que revelan las cuestiones de fondo, es decir, la necesidad subyacente a los hechos concretos.

Corresponde aquí observar la forma en que el país se incorporó al mercado mundial y, por ende, al establecimiento de relaciones con las regiones de relaciones capitalistas de producción y de cambio. Se trata de un territorio donde el capitalismo ha desarrollado una penetración asimétrica e incompleta. No existe un desarrollo pronunciado del mercado ni de las instituciones que a ella corresponden. Aunque no tenemos información suficiente para el análisis -lo que a su vez constituye todo un indicador del grado de extensión del capitalismo en la región-, todo parece indicar que predominan relaciones sociales de producción donde el elemento personal y la tradición ocupan un rol central, y relaciones de cambio donde predominan mecanismos mercantiles poco monetizados y en los cuáles las porciones del mercado acabadamente capitalistas son escasas y marginales en el conjunto de la formación económico-social. Estas porciones están principalmente vinculadas con la población transplantada a la región por cuestiones políticas -fuerzas de paz, cuerpo diplomático, extranjeros pertenecientes a ONG's- o por actividades directa y exclusivamente vinculadas con el exterior -narcotráfico, tráfico de armas.

Por ello, la contradicción entre el modo de vida urbano -con esa conjugación de elementos mercantiles tradicionales y espacios foráneos- y el rural, pasa a disponer de recortes mucho más tajantes y absolutos que alimentan la imagen de un campo indómito, ocupado por tribus, y de ciudades, donde la presencia del estado "nacional" parece tomar cuerpo. De alguna manera, aún el campo gobierna por sobre las ciudades. Los únicos momentos en que las ciudades se convirtieron en vehículos, aunque imperfectos, de control de todo el territorio por parte de una autoridad centralizada fueron durante el dominio soviético (1979-89) y el régimen talibán (1998-2001).

Es así que la región encuentra natural un retorno a una forma de organización social en la cual la autoridad tiene limitado alcance territorial -se concentra en ciudades pero como eje organizador de determinado territorio esencialmente rural- y a su vez emana de elementos que podríamos considerar precapitalistas, como ser su clivaje étnico, tribal y/o religioso, en circunstancias en donde el poder central se comienza a deteriorar.

Ahora bien, el contacto de una sociedad como ésta con las acabadamente capitalistas que salieron a recorrer el mundo por iniciativa propia -buscando mercados, fuentes de materias primas, destino para la plétora de capital acumulado, etc.- no fue inocua. Inevitablemente, la dinámica productiva y su correlato ideológico centrado en la razón y el progreso del mundo capitalista promueven determinada posición y rol en la división internacional del trabajo. Más tarde o más temprano, existe la conformación, construcción o resignificación de determinadas actividades productivas que responden a una necesidad susceptible de ser satisfecha a través del mercado. El contacto con el capitalismo nunca es neutral.

En el caso de Afganistán, ser el principal productor mundial de amapola -insumo fundamental para la producción de toda una familia de narcóticos, entre las que se cuentan el opio y la heroína- la convirtió en uno de los principales centros de producción de estupefacientes. Eso significó que una fracción del capital vinculada con actividades reputadas como ilegales -y que los gobiernos de los distintos países (como representante del capital global de un determinado espacio) combaten o manifiestan combatir- se abalanzase sobre el territorio. Para ello, debió conformar alianzas con aquellos grupos locales que controlaban la tierra y la población que la trabajaba.

El carácter ilegal de la actividad la relaciona naturalmente con la rama armamentista. Sea porque son los mismos grupos que diversifican sus negocios o porque se trata de un apetecible consumidor de sus productos, lo cierto es que la continuidad de la reproducción para cada capital individual requiere de la conservación y el incremento de la fuerza y de las relaciones políticas. Por añadidura, dichas fracciones no están exentas del proceso de centralización y concentración del capital, que se consume a sí mismo en la búsqueda de orientarlo en su favor. En definitiva, esta explosiva combinación debe desarrollarse necesariamente en un clima de dispersión de la autoridad, que a su vez precisa de la aplicación de la fuerza de las armas para su ejercicio y rehuye a cualquier intento centralizador y homogeneizador. De esta manera, comprendemos el descenso en la producción de amapola durante los talibanes y el meteórico crecimiento que siguió a su caída, perpetrada por los norteamericanos, fieles representantes de los "valores occidentales" -dentro de los cuales no debemos olvidar el combate al narcotráfico, por supuesto.

Ciertas consideraciones geopolíticas -entendidas como posición geográfica relativa- perdieron peso en tanto y en cuanto no se puede establecer un marco estable para la región: el gasoducto proyectado en algún momento por el empresario argentino Bulgheroni -presidente de la petrolera Bridas-, negociado oportunamente con los talibanes, dispone de remotas posibilidades de materializarse. EE.UU. considera prioritario mantener en desorden el límite oriental de Irán, antes que disponer de una salida para el gas azerí. De hecho, Azerbaiján dispone de salidas alternativas para sus recursos que parecen materializarse prontamente: se estima que para 2007 su gas y su petróleo alcanzarán la costa turca del Mediterráneo, aunque ello no sea suficiente para evitar la dura competencia con otros países que demandan dicho recurso, como es el caso de China.

Palestina: el enfrentamiento en un particular enclave de "Occidente"

Israel vuelve a Gaza

Al momento del cierre de esta edición, fuerzas militares israelíes llevan a cabo incursiones en el territorio de la franja de Gaza, de naturaleza tal, que en la práctica imposibilitan el funcionamiento del - ya de por sí frágil - estado palestino. Una serie de hechos ocurridos en junio intensificaron la conflictividad en esta área de Oriente próximo.

Los primeros días de dicho mes estuvieron signados por los enfrentamientos entre las dos principales fuerzas políticas palestinas y por la ruptura de la tregua con Israel por parte de todas las organizaciones armadas de este país. Recordemos que el presidente Abu Mazen, que pertenece al partido Al Fatah, creado por Arafat, había decretado una tregua unilateral con Israel en 2004, como una señal de "buena voluntad" para el cumplimiento del plan del "Cuarteto" -los EE.UU., la UE, Rusia y la O.N.U.- conocido como "la hoja de ruta". Aunque formalmente la tregua había expirado a fines de 2005, tanto Mazen como el gabinete de Hamas, que lidera el primer ministro Haniyeh, decidieron mantenerla[1].

La ruptura de la tregua fue prácticamente forzada por los israelíes, que el día 9 bombardearon tres blancos desde los que, presumiblemente, se disparaban cohetes sobre los poblados israelíes de frontera. Entre ellos, se encontraba una playa repleta de familias palestinas, con un saldo de once muertos y decenas de heridos. Entre esta fecha y el día 22, en que el premier israelí Olmert desestimó cesar los ataques luego de reunirse con Mazen, los ataques israelíes se cobraron 37 víctimas fatales -entre ellas 7 menores de edad. El fin de la tregua fue acordado el día 23 por las cuatro principales organizaciones armadas palestinas: Al Qassar (Hamas), Al Aqsa (Al Fatah), la Yihad islámica y el Frente Popular para la Resistencia de Palestina.

Dos días después, milicianos presuntamente pertenecientes a Hamas penetraron en territorio israelí desde Gaza y atacaron un puesto militar en Israel -el primer ataque en suelo israelí desde la retirada de Gaza-, matando a dos soldados y secuestrando a un tercero -el primer israelí secuestrado en los últimos doce años. Los secuestradores pretenden canjear al soldado secuestrado por mujeres y menores palestinos presos en cárceles israelíes. Inmediatamente, el gobierno israelí anunció el inicio de acciones militares sobre territorio palestino, con el fin de recuperar al soldado secuestrado. Éstas se iniciaron el día 27 con bombardeos aéreos que destruyeron puentes, la ruta principal de Gaza y una usina que abastece de electricidad a la mitad de la población de la franja.

Posteriormente, militares israelíes detuvieron en Cisjordania a 64 miembros del gobierno palestino -entre ellos 9 ministros y 20 diputados-, todos ellos miembros de Hamas, al mismo tiempo que cazas de Israel bombardeaban el ministerio del Interior. El 1º de julio hacían lo propio con la oficina del primer ministro Haniyeh, al parecer empeñados en cumplir la amenaza del ministro de Defensa israelí, el laborista "de izquierdas" Amir Peretz, de "liquidar al gobierno de Hamas" (LF 10/6).

El bloqueo

La ofensiva militar israelí agrava la de por sí difícil situación en esta zona de Palestina, al operar en el marco de los endémicos problemas de pobreza y desocupación y en el del bloqueo económico concertado por Israel, los EE.UU. y la UE para doblegar a Hamas. Desde enero se interrumpieron las entregas de fondos de ayuda al estado palestino, con lo cual los empleados públicos -entre ellos profesionales de la salud y la educación- llevan cuatro meses sin percibir sus salarios. A mediados de junio, y a instancias del "Cuarteto", los líderes de la UE acordaron crear una "red de seguridad social mediante pagos directos administrados por el Banco Mundial", para sostener a familias "no comprometidas con el terrorismo" (LF 17/6). El recorte de fondos se ve agravado por la reducción de permisos de trabajo por parte de Israel (de 80.000 a 11.000). La policía israelí captura por semana 4.000 "ilegales" que se desplazan para emplearse como mano de obra barata (33 dólares semanales) en la construcción y el servicio doméstico. Según UNICEF, el bloqueo operado desde la victoria de Hamas determina la insuficiencia de personal sanitario y medicamentos básicos, por lo cual 1 de cada 3 recién nacidos en Gaza muere por falta de atención en sus hospitales (LF 16/6).

Las reacciones "occidentales" se mantuvieron en el marco de la reticente tolerancia con la que habitualmente se asimilan este tipo de acciones unilaterales por parte de Israel. La UE llamó a las partes a la moderación, mientras la secretaria de Estado estadounidense Rice instaba a israelíes y palestinos a "actuar de forma responsable" (LM 30/6). Cabe señalar que Rice justificó el bombardeo a la playa de Gaza antes mencionado, argumentando que "los israelíes tienen derecho a defenderse" (LF 10/6). El Papa formuló su deseo de que "todas las personas secuestradas de Medio Oriente sean liberadas" (LM 30/6), sin aclarar si esto incluía a los más de 9.000 presos políticos palestinos en cárceles israelíes. La cancillería rusa, por su parte, criticó el arresto de funcionarios de Hamas y el carácter "contraproducente de las medidas" (LF 1/7).

De hecho, la agresión ha tenido al menos el efecto contraproducente, para los EE.UU., la UE y el mismo Israel, de permitirle a Hamas sortear su aislamiento y coordinar políticas con su rival Al Fatah. Decíamos que la primera parte del mes de junio estuvo caracterizado por el enfrentamiento -incluso armado- entre las dos grandes fuerzas políticas palestinas. El presidente Mazen pretendía impulsar el reconocimiento oficial del estado de Israel mediante la convocatoria a un referendo que Hamas llamó a boicotear. Según el primer ministro Haniyeh, "se trata de un golpe de estado a la voluntad del pueblo palestino" (LM 10/6); sin embargo, según varias encuestas, el referendo contaba con el consenso de más del 70% de la población, cansada de la guerra y las privaciones.

El clímax del enfrentamiento se produjo hacia mediados de mes, cuando miembros de Al Aqsa tomaron por asalto y prendieron fuego el parlamento en Ramallah (Cisjordania), mientras miembros de Al Qassar y Al Aqsa -respectivos brazos armados de Hamas y Al Fatah- eran objeto de secuestros cruzados. El control del sobredimensionado aparato policial palestino (70.000 efectivos) -una herencia de los Acuerdos de Oslo, que obligaban al gobierno palestino a reprimir a sus propios elementos "díscolos"- se planteó como un tema de conflicto desde la llegada al poder de Hamas, que desarrolló una suerte de aparato policial paralelo como contrapeso (3.000 hombres). En parte, el desencadenante del ataque al parlamento que destacamos más arriba fue justamente el recorte de los fondos por parte de Occidente.

Luego de los ataques iniciados el día 27, Hamas y Al Fatah firmaron un documento de "entendimiento nacional" que fija como objetivos un estado palestino en los territorios ocupados desde 1967, con Jerusalén como capital y la centralización en Cisjordania de la resistencia a la ocupación, con lo que implícitamente se reconoce la existencia del estado de Israel y se renuncia a cometer atentados en territorio israelí. Desde el punto de vista programático, el documento representa un repliegue de Hamas: sus términos son casi idénticos a los del documento que había sido propuesto para el referendo. Sin embargo, la aceptación de las fronteras anteriores a 1967 -es decir, la aceptación de la partición de 1947 y del estado israelí- no se ajusta enteramente al plan de desconexión de Israel, que propone "canjear" las áreas más pobladas por sus colonos en Cisjordania (Modín Illit, Gush Etzion, Maaleh Adumin, con más de 200.000 israelíes) por áreas marginales. Queda como interrogante si la presión israelí redundará en una neutralización de Hamas o en la obligada "radicalización" -como parece indicar el fin de la tregua- de los "moderados" de Al Fatah.

El peso de la historia, el valor del ejemplo y la posición estratégica

En el Análisis Nº 63, de septiembre de 2005, abordamos el lanzamiento por parte de Israel del llamado Plan de Desconexión. Éste suponía una retirada de Gaza, pero la letra chica implicaba un afianzamiento de su presencia en Cisjordania. En ese momento también realizamos un relato de la historia de la región: quedó claro cómo la emigración judía a Israel se transformó, de un movimiento de población predominantemente campesina y proletaria, en una empresa del capital, conducida por la burguesía y, por ende, signada por sus necesidades. El ejemplo más claro lo podemos observar en el desdibujamiento del Kibbutz,, originalmente una forma de organización de la producción con marcados rasgos socialistas.

Este trastocamiento de lo que fueron las primeras aliás (migraciones) redundó en que Israel se transformase en un enclave, cuyo funcionamiento obedecía al imperativo de fracciones del capital financiero principalmente de origen norteamericano, inglés y centroeuropeo. Su característica común, ser propiedad de burgueses de la nación judía, les permitía morigerar la competencia en pos de la reconstrucción de una identidad y de una realidad amenazada por el curso de la historia. Así, se fue transformando en destino del capital acumulado en otros espacios. Obviamente, la exportación de capitales no fue acompañada por sus propietarios, por lo que éstos pasaron a ser gestionados por otros miembros de la colectividad, menos agraciados por la "providencia del capital". Esta corriente de medios de producción fue una tentación difícil de resistir para aquellos que buscaron convertir la inhospitalaria región en un territorio atractivo. El contenido humanista de la colonización fue paulatinamente perdiendo peso hasta convertirse en un bastión de Occidente en la codiciada región, estratégicamente vital como nudo geográfico y como fuente primordial de materias primas energéticas.

Defender este logro resulta, entonces, inherente al movimiento del capital global, en el sentido de estar determinado principalmente por el accionar de aquéllas fracciones de mayor envergadura y, por ende, prolongada historia, lo que las convierte en las más conscientes y decididas. No se precisa construcción ideológica alguna de esa actitud de protección -aunque la realicen- ni la recurrencia a alianzas incómodas -aunque las conformen-: simplemente, las facciones que dirigen y controlan el estado de Israel son parte de ese capital financiero que conduce los destinos de todo el globo.

La sincronización en la conformación definitiva de ambos -el capital financiero internacional como poder hegemónico absoluto, sin contendientes en la esfera capitalista, y la fundación del Estado de Israel- apenas finalizada la Segunda Guerra Mundial, demostró que la oportunidad no es hija de la casualidad sino de la causalidad. En este sentido, ¿podemos imaginarnos hoy la construcción de un lugar con esas características?

Irak e Irán: el chiísmo y su desdichada conformación como poder regional

La caída del régimen de Saddam supuso un acercamiento, predecible, entre los dos países que se enfrentaron en una sangrienta guerra durante la década del '80. La pertenencia de la población de ambos países a la rama shiíta -absoluta en Irán y mayoritaria en Irak- vuelve a transformarlos más que nunca en un objeto de análisis unificado. Las vicisitudes de la dominación de Occidente en la región figuraron un esquema de separación violenta, proceso que comenzó a cerrarse posteriormente a la "victoria" de la intervención armada. Analizaremos las particularidades de la actualidad en la región, observándola como una unidad, teniendo en cuenta los lazos históricos que desarrollamos en el Análisis Nº 61, de julio de 2005, pero partiendo de una descripción separada, que revela la persistencia de los mecanismos utilizados para evitar que lazos más estrechos entre los dos países permitan la emergencia de un poder regional que podría eclipsar a los restantes de Medio Oriente.

La inversión del "divide y reinarás" en Irak

La ejecución de Abu Musab al-Zarqawi, líder de la red Al-Qaeda en Irak, y su estrecho círculo de colaboradores, el 7 de junio, fue presentada como un formidable golpe al terrorismo. Su principal efecto en el corto plazo fue una mejora de tres puntos en la popularidad del presidente Bush, asediado por la prensa, la oposición demócrata e inéditos reveses judiciales en relación con la prisión de Guantánamo. Los efectos en el plano militar en el corto plazo, una desorganización momentánea habitual para un relevo de mando, son prácticamente nulos, más aún teniendo en cuenta que desde hace un tiempo la organización internacional había comenzado a desautorizar al jordano. El reemplazo es una práctica casi automática, habida cuenta del contexto en que se desenvuelven estas organizaciones. Si en el corto plazo el efecto es nulo, más aún en el mediano y largo. En función de ello, observemos en qué situación se encuentra Irak.

La situación militar de EE.UU. en el país desde la caída de Bagdad, lejos de mejorar, empeoró sistemáticamente. Las tropas norteamericanas y de sus aliados, principalmente británicos -el número de otros países se reduce permanentemente- enfrentan mayores desafíos militares que durante la invasión. La conformación de un ejército iraquí nacional se enfrenta con defecciones permanentes y se encuentra lejos de estar consolidado. Esto demuestra un proceso de fragmentación de la autoridad que EE.UU. quiere revertir por arriba, aunque simultáneamente se apoye en dicha dispersión para evitar cualquier consolidación de un poder independiente o autónomo.

Para ello, llevó a cabo elecciones de la asamblea nacional, encargada de aprobar una constitución y designar un nuevo gobierno. Las elecciones mostraron una participación muy dispar: masivas en el norte y sur, extremadamente variables en el centro. Esto fue la expresión de las diferencias étnicas que atraviesan al país.

La participación fue significativa por parte de los kurdos y shiítas y prácticamente nula en el caso de los sunnitas. Éstos últimos llamaron a boicotear las elecciones, afirmando que se verían perjudicados con la conformación de un gobierno en el cual no estuviesen debidamente representados. Lo que sucedió finalmente es que, luego de la elección, los sunnitas estuvieron subrepresentados en relación con su peso dentro del total de la población. Como no podía ser de otra manera, la mayoría shiíta conformó gobierno pero debió repartir los cargos, principalmente con los kurdos, pero también con los sunnitas -la ínfima minoría que participó de los comicios. Fue elegido primer ministro un moderado shiíta, Nouri al-Maliki.

Mientras tanto, la mayoría sunnita resignificaba su estrategia militar: el principal destinatario de sus ataques pasó de las tropas y contingentes civiles extranjeros a centrarse en la mayoría shiíta. Una fracción de ésta, la de mayor contenido religioso, se vio arrastrada al enfrentamiento. Los ataques a mezquitas de una y otra rama del Islam se sucedieron, Saddam Hussein vio caer su tercer abogado que lo representa en el juicio en un atentado, haciendo del caos una situación permanente para el país.

Con todo ello, EE.UU. logró evitar una consolidación del poder shiíta a nivel nacional, estrategia que no es nueva. Tampoco cuenta con una alternativa, razón por la cuál debe enfrentar los costos -materiales pero principalmente políticos- en la esfera internacional y aún más en la fortaleza de la alianza en su propio país, lo que relativiza los logros.

Finalmente, los kurdos aparecen como los grandes ganadores, luego de haber sido beneficiados con anterioridad por la política exterior norteamericana, que buscaba afianzar un poder regional en Irak durante el gobierno de Saddam que pudiese contrarrestar a la mayoría shiíta y su natural alianza con sus hermanos de Irán. Para ello, afirmó la autonomía del Kurdistán, previendo una caída de Bagdad, mediante la protección de su espacio aéreo. Internamente, las milicias Pesh Merga se convirtieron de guerrillas independentistas en fuerzas de seguridad. Al momento de la victoria militar norteamericana en Bagdad, los kurdos ya se encontraban con la capacidad y la experiencia como para asumir los resortes del poder político. Eso les permitió conformar una constitución absolutamente contemplativa de sus necesidades: pudieron retener la capacidad militar propia independiente y el usufructo de sus vastas reservas petrolíferas.

EE.UU. eligió el mal menor (fortalecer el Kurdistán) aún a sabiendas de los problemas que le podía generar con Turquía, que alberga regiones con mayoría kurda, por el ancestral anhelo del Kurdistán de conformar una nación independiente con parte de su territorio y los de Siria e Irán. Esta posibilidad era preferible a fortalecer el poder shiíta y, de esta manera, a Irán.

Irán, entre la amenaza y el cálculo

En el Análisis Nº 61 abordamos el triunfo de Ahmadinejad en Irán. En ese momento, previmos un incremento de las tensiones con Occidente, teniendo en cuenta las características, propias de un peculiar nacionalismo y una propuesta populista, que el gobierno parecía presentar. Esto se vio confirmado prontamente: en el Análisis Nº 69, de marzo de este año, describimos el incremento del conflicto alrededor del programa nuclear iraní. Este mes también comenzó con una tendencia similar.

Frente a las renovadas presiones por parte del "Quinteto" -los países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la O.N.U.-, el líder supremo iraní, el ayatollah Kamenei, afirmó que su país interrumpiría los embarques de petróleo de la región si era atacada (LF 4/06/06). La amenaza no involucra sólo a las exportaciones iraníes -el cuarto productor mundial- sino que refiere a la posición estratégica de este país por su control del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 40% del abastecimiento de los hidrocarburos mundiales, movimiento cuya regularidad intenta garantizar la presencia de la jefatura de la 5ª flota estadounidense en Bahrein.

También en la primera semana de junio, el ministro de Hidrocarburos iraní deslizó la posibilidad de que la recientemente creada bolsa petrolera iraní transara en euros. Recordemos que a fines de enero se anunció la formación de esta bolsa en la isla de Kish y que se transformará en el quinto centro de transacción de petróleo mundial -después de Nueva York, Londres, Singapur y Tokio. Las empresas rusas y europeas -entre ellas Total- ya radicaron oficinas para operar en la bolsa iraní, cuyo ejemplo seguirían Noruega, Venezuela -ambos anunciaron que operarían en euros- y Rusia -que operaría en rublos. El 70% de las operaciones petroleras se realizan actualmente en dólares. Este hecho contribuye a lo que numerosos especialistas denominan "la hegemonía del dólar": la moneda norteamericana se sostiene por la demanda obligada a nivel mundial de aprovisionarse de dólares para adquirir petróleo. Las exportaciones de Rusia, Irán, Venezuela y Noruega sumadas equivalen al 30% mundial: de concretarse la formación de estas bolsas, la "hegemonía del dólar" podría sufrir un golpe demoledor.

La distensión vino de la mano de una propuesta del "Quinteto + Alemania", entregada por el ministro de Relaciones Exteriores de la UE, Javier Solana, al presidente Ahmadinejad. La propuesta consiste en un paquete de "incentivos" -básicamente, inversiones directas en tecnología- a cambio de que el enriquecimiento iraní de uranio se realice en una central experimental monitoreada por las "potencias occidentales". El presidente iraní calificó la propuesta como "un paso adelante" (LF 17/6) y la teocracia shiíta reaccionó con una sensación de triunfo: según el imán de Teherán, "el pueblo iraní demostró que no puede ser amenazado", (LM 30/6). Se prevé una respuesta positiva a la propuesta antes de la reunión del G8 a mediados de julio. Un detalle: por ahora, confirmó el gobierno que la bolsa petrolera operará en dólares (LF 30/6/).

El liderazgo regional shiíta parece consolidarse luego del desplazamiento del gobierno de los sunnitas iraquíes. Recordemos que el mismísimo ministro de relaciones exteriores de Irak respaldó el programa nuclear llevado a cabo por Irán (WP 27/5), siendo uno de los pocos países en pronunciarse en ese sentido, lo que significa una verdadera afrenta para la "autoridad" de EE.UU. El mantenimiento de este rol obedece en buena medida a una estrategia que privilegia no necesariamente la adscripción religiosa, sino las alianzas con los grupos radicales islámicos anti-imperialistas, como es el caso de Hamas en Palestina y de Hezbollah en El Líbano. Y estas alianzas, al parecer, están comenzando a rendir sus frutos en cuanto a la consolidación de Irán como poder regional: por propia iniciativa, Siria reforzó sus lazos con ese país, "previendo un deslizamiento del poder en la región de manos de los sunnitas a los shiítas" (NYT 25/6). Recordemos que el gobierno sirio está controlado por una rama del Islam perteneciente a sunni minoritaria y muy peculiar llamada Alawitas.

Los intentos de erosión de este liderazgo, nacido al calor de la revolución de 1979, por parte del "bloque occidental", comprenden tácticas tan variadas como las sanciones económicas unilaterales por parte de los EE.UU., la discriminación en cuanto a los programas nucleares -basta comparar la dureza frente a Irán con la aquiescencia frente a la India[2]- y el fomento de movimientos secesionistas en las regiones iraníes con fuerte presencia sunnita o kurda -como el Juzestán-, donde se encuentra el mayor porcentaje de reservas petrolíferas iraníes.

Corea del Norte: fiel a su historia, oportuno con sus alianzas

El conflicto con Corea del Norte también posee un carácter potencial, es decir, las acciones concretas en el plano militar se reducen a amenazas y advertencias. Sólo que en la península coreana, atravesada por un enfrentamiento más prolongado, la iniciativa parece estar en manos del país asiático: EE.UU. -y por extensión Occidente- no se muestra muy interesado en acelerar la confrontación sino que más bien intenta mantenerla congelada, a diferencia de lo que sucede con Irán, donde es éste quien intenta alejar la posibilidad de una intervención armada por parte de Occidente. Seguidamente, realizaremos una descripción de los hechos más recientes, intentando analizar sus implicancias.

La "crisis" del misil

Durante junio, los medios occidentales dieron cuenta de informaciones vertidas por los servicios de inteligencia, que afirmaban una inminente prueba de misiles por parte de Corea del Norte. La noticia se basaba en imágenes satelitales que mostraban una posible preparación de una plataforma de lanzamiento. Las imágenes, lejos de ser concluyentes al respecto, no podían ser constatadas con otras informaciones -habida cuenta del aislamiento en que se encuentra el país- ni fueron confirmadas por las autoridades norcoreanas. Finalmente, el 4 de julio se lanzaron entre tres y seis misiles que cayeron en el mar a 500 km. de Japón, poniendo fin a una suspensión decidida unilateralmente en 1998 por Corea del Norte -luego de que un misil atravesara parte del espacio aéreo japonés durante una prueba- y extendida sucesivamente en 2002 y 2004. Las reacciones no tardaron en desencadenarse, como en aquélla ocasión, en la cuál las gestiones de Corea del Sur y Japón fueron fundamentales para lograr la tregua. ¿Cuáles fueron las circunstancias que pusieron fin a este período de calma en lo que respecta a la tecnología misilística?

"Aunque parece probable que Corea del Norte lanzará el misil para testearlo o para colocar en órbita un satélite, funcionarios del gobierno norteamericano consideran la posibilidad de derribarlo, pues no pueden asegurarse que no será disparado con fines hostiles" (WP 21/6). El carácter hostil está dado, según elucubraciones de EE.UU., por la posibilidad teórica de que una combinación de fases del misil Taepodong-2 permita a los norcoreanos alcanzar territorio norteamericano. Lejos está de demostrarse dicha capacidad, más bien todo lo contrario -las pruebas realizadas de la fase 3 con combustible sólido tuvieron resultado  negativo. De hecho, la prueba con el misil de largo alcance falló a los 35 segundos de ser lanzado -el resto fueron misiles de corto alcance tipo Scud o Rodong. Esto confirmó las apreciaciones del propio vicepresidente Dick Cheney, quien desconfió de "la capacidad misilística de Corea del Norte, a la que consideró muy rudimentaria, mostrando su escepticismo respecto a la posibilidad de alcanzar suelo norteamericano" (UT 21/6).

Distinta es la situación de Japón y Corea del Sur, países cuya cercanía los convierte en objetivos directos. Es por ello que ambos países suspendieron de inmediato su ayuda económica a ese país. Los nipones, por su parte, fueron aún más allá, advirtiendo a Corea del Norte sobre la posibilidad de imponer sanciones económicas sin recurrir a la ONU y ampliando su acuerdo de defensa con EE.UU. mediante el cuál "por primera vez proveerán a las bases militares norteamericanas en Japón con interceptores de misiles Patriot" (WP 27/6).

Mientras tanto, Corea del Norte invitó por enésima vez a EE.UU. a establecer conversaciones bilaterales sobre la cuestión nuclear. Recordemos que los últimos acontecimientos opacaron la verdadera cuestión de fondo: el progreso del programa nuclear norcoreano. De hecho, las conversaciones con el quinteto (EE.UU., China, Rusia, Japón y Corea del Sur) fueron abandonadas por el régimen de Pyongyang en octubre pasado, luego de que EE.UU. restringiera las operaciones financieras de Corea del Norte. La negativa norteamericana se escuda en la necesidad de que las conversaciones incluyan a los cinco países mencionados, aunque es lícito mencionar que en su celebración la administración Bush demuestra poco empeño, a juzgar por los señalamientos reiterados por Pekín, que dan cuenta de la falta de voluntad norteamericana en el avance de las negociaciones (NYT 13/5).

Corea del Norte conforma una de las pocas naciones que mantuvo su esquema luego de la caída del Muro de Berlín. La apertura al exterior permaneció limitada a sus antiguos aliados (China y Rusia) y sólo mediante la recepción de ayuda internacional por parte de potencias capitalistas (principalmente Corea del Sur y Japón).

Su inserción específica en la división internacional del trabajo se limitó prácticamente a proveer de armamento a aquellos países y organizaciones alcanzadas por prohibiciones de adquirir armamento a los productores principales. Es decir, su vasto aparato militar sirvió de fuente de abastecimiento para el llamado "mercado negro" de armas.

En definitiva, lo que preocupa a EE.UU. es mantener a raya al régimen de Corea del Norte con la menor cantidad de esfuerzo, pues no posee un interés directo en lo que suceda en la península (no dispone de ningún recurso apetecible). De hecho, las principales iniciativas por parte de "Occidente" están dirigidas a incrementar su aislamiento y desactivar aquellos recursos que puedan poner en peligro a sus aliados. Simultáneamente, consigue reducir la capacidad de cimentar alianzas, tanto con Irán -o cualquier otro país con enfrentamiento militar en curso-, mediante una limitación a la transferencia de tecnología nuclear y de armamento, como con China, país que se ve empujado a actuar en un escenario político-regional que debería controlar pero en el cuál debe compartir la iniciativa con EE.UU. o Japón.

En síntesis, repasando los actuales escenarios internacionales de conflicto más álgido, observamos que cualquier construcción que los pretende vincular por medio de algún "eje del mal" persigue ocultar un aceitado pragmatismo. Sin dudas, a todos los involucrados les cabe su correspondiente sayo, pues ninguno de ellos procede en nombre de la liberación humana universal. Quizás en el mayor grado de autoconvencimiento de hacerlo así radique la diferencia fundamental, que convierte a EE.UU. en la expresión más acabada del "fundamentalismo ideológico", lo cual no genera más que fortaleza en el grupo, cada vez más nutrido, que se le opone, aunque sin dudas no escapa a las contradicciones que esa situación les genera.

[1] Recordemos que, en el sistema palestino, el presidente accede por elección directa, mientras que el primer ministro y el gabinete surgen de las filas del partido que triunfa en las elecciones legislativas. Por una ironía, el traspaso de atribuciones del presidente al primer ministro, que en su momento fue una imposición de las potencias occidentales para reducir el poder del ex presidente Arafat, ahora permite a Hamas ejercer iniciativas en el gobierno del estado.

[2] EE.UU. e India firmaron un tratado nuclear que permite a éste último mantener en secreto y exceptuado de inspecciones internacionales a su programa militar, a diferencia del programa civil que sí será monitoreado por la AIEA (NYT 3/03/06). Recordemos que India se encuentra en conflicto limítrofe por la zona de Cachemira con Pakistán y, en forma latente, con China.



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