Revista Mensual | Número: Julio de 2011
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Fuentes consultadas:
EE.UU.-Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW).
China: Xinhua (XH). Rusia: Russia Today (RT). Irán: HispanTV (HTV). Líbano: Al Manar (AM).
Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Brasil: Folha de São Paulo (FSP). Colombia: El Tiempo (ET).
Argentina: Clarín (CL); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Página/12 (P12).
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Intentando moverle el piso

Nada se pierde, todo se transforma
Perforar el piso de los 40, el plan oligárquico


La oligarquía apuesta a perforar los 40 puntos de Cristina

Intentando moverle el piso

Por Sebastián Ortiz

 

La Argentina vive, sin ninguna duda, un año en el que la “cuestión electoral” lo atraviesa casi todo.

En tal sentido, durante el mes de junio se realizaron tres nuevas elecciones provinciales: Neuquén, Misiones y Tierra del Fuego.

En Neuquén se disputaban la gobernación el oficialista Movimiento Popular Neuquino, conducido por la familia Sapag, y el Frente Neuquino, coalición de partidos liderados por el radicalismo.

Sin embargo, debe destacarse que ambas coaliciones respaldan la reelección de Cristina Fernández de Kirchner al frente del Ejecutivo nacional.

Con un padrón de 411.925 inscriptos, concurrieron a las urnas 290.616 personas (70,5%), siendo reelecto el gobernador Jorge Sapag, quién sumó un total de 131.990 votos (Movimiento Popular Neuquino 81.632; Movimiento de Integración y Desarrollo 23.022; Partido Nuevo Neuquén 14.612; Unión Popular 12.724), frente a los 99.191 del radical Martín Farizano (PJ 31.275; Coalición UNE 24.207; UCR 18.227; Frente Grande 14.905; Partido Socialista 6.105; PRO 4.472).

El cuadro se completó con los 15.890 votos de la Coalición Cívica, 11.816 de Libres del Sur y 7.441 del Frente de Izquierda y de los Trabajadores.

En Misiones, por su parte, el gobernador radical kirchnerista Maurice Closs obtenía un aplastante triunfo. Sobre 543.597 votos, se quedaba con 372.490. Los votos en blanco (43.185) sumaban mayor cantidad que el candidato que lo secundaba por el Partido Trabajo y Progreso con 30.938, apenas por encima de la UCR (30.816 votos).

Rápidamente, el gobernador reelecto tributaba el triunfo a la Casa Rosada: “Estamos para acompañar a Cristina en su candidatura y estamos para ayudar a gobernar. Esta es nuestra contribución a un proyecto nacional con el cual estamos plenamente identificados, con el que estuvimos en las buenas y en las malas y siempre seguiremos estando” (LN 27/6).

En tanto, en Tierra del Fuego se realizaron también el mismo día las elecciones para la gobernación, dando como resultado el triunfo de Rosana Bertone (Frente para la Victoria) con 30.057 votos sobre los 23.683 votos obtenidos por la actual gobernadora Fabiana Ríos. Sin embargo, este resultado provocaba la segunda vuelta entre ambas candidatas, a realizarse en el mes de julio.

Aquí también es de destacar que, por un lado, en el tercer lugar quedaban los votos en blanco (8.280), siguiéndolos la UCR con 4.831 y el PJ con 3.935 votos.

A su vez, debe señalarse que quienes se enfrentarán en el balotaje apoyan ambas a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner; una (Bertone) directamente desde su mismo partido (FPV) y la otra (Ríos) desde una posición de “apoyo crítico”.

Nada se pierde, todo se transforma

Mientras tanto, el arco opositor continuaba durante el mes de junio lo que había iniciado el mes anterior, en respuesta al pedido explícito del matutino oligárquico La Nación: bajar la mayor cantidad de candidaturas posibles para las primarias de agosto. A ello habían respondido durante mayo Mauricio Macri y Pino Solanas, colocando sus figuras en el plano de la Ciudad de Buenos Aires.

Ahora comenzaba el turno de combinar lo que quedaba en pie.

Por un lado, el radicalismo conducido por Ricardo Alfonsín continuaba su táctica electoral de acercarse a la popularidad del empresario colombiano y candidato a gobernador bonaerense Francisco De Narváez, lo que hacía peligrar el acuerdo del radicalismo a nivel nacional con el Partido Socialista.

Sin embargo, el socialismo había “dado permiso” a sus aliados radicales para acuerdos distritales de este tipo. El líder radical Ricardo Alfonsín explicaba al respecto: “Para llegar al Gobierno desde un frente programático progresista es necesario que podamos representar no sólo a quienes comparten nuestra identidad, sino a todo el bloque social que se identifica con una visión antihegemónica y republicana. Si para ello es necesario incorporar, en niveles provinciales y municipales, sin sacrificar nuestro programa nacional, a fuerzas sociales y políticas que no necesariamente poseen identidades como las nuestras, no debemos vacilar en hacerlo. Con este espíritu debe entenderse la propuesta de la UCR de Buenos Aires” (LN 2/6).

De esta manera, ambas fuerzas se animaban a discutir listas únicas de candidatos a intendentes, legisladores provinciales y nacionales en el distrito bonaerense, para evitar las internas obligatorias, aunque sin poder ponerse de acuerdo en más de 20 distritos bonaerenses, donde las candidaturas serán finalmente definidas en las internas abiertas de agosto.

El espacio era bautizado Unión por el Desarrollo Social (UDESO), y contaba con un “asesoramiento” muy especial: se trata del equipo encabezado por Michael Axelrod, “mano derecha del presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, en materia de comunicación” (LN 18/6).

De esta forma, quedaba oficializada la candidatura presidencial de Ricardo Alfonsín, acompañado por el economista Javier González Fraga, cercano a Roberto Lavagna y al Movimiento Productivo Argentino (MPA) de Eduardo Duhalde. “Duhalde es el candidato a vicepresidente de Alfonsín” (LN 4/6), explicaba, pragmática, Lilita Carrió.

La elección también marcaba el rumbo económico pretendido, en busca de los votos necesarios: “No creo que el próximo gobierno tenga que hacer ajustes significativos en la economía. Los problemas no pasan por lo económico; hoy lo que hay que recrear es el clima político para la inversión” (LN 4/6), señalaba el propio González Fraga.

Y el espacio también hacía lo propio respecto a la política de medios, en busca de pantalla permanente de aquí hasta el acto eleccionario de octubre: “Yo anularé todas aquellas normas que le dan al Gobierno la facultad de influir indebidamente en la concesión de licencias a los medios. Y cualquier norma que conspire contra la posibilidad de ejercer la libertad de prensa la derogaría” (P12 17/6), prometía Alfonsín.

Lo que también volaba por los aires, por supuesto, eran los acuerdos del radicalismo con el socialismo a nivel nacional, obligando al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, a anunciar precipitadamente su postulación presidencial, en una fórmula compartida con la senadora cordobesa Norma Morandini, del Partido Nuevo de Luis Juez.

Y la reacción en cadena continuaba: con la decisión socialista, quienes se sentían despechados eran sus hasta entonces socios de Proyecto Sur, conducido por Pino Solanas. Como en un juego de “cajas chinas”, el enojo de Pino provocaba la fractura en su propio espacio: Libres del Sur, parte de Proyecto Sur, anunciaba que seguiría sosteniendo la candidatura de Solanas en la Capital pero también la de Binner a nivel nacional. Y lo propio hacían desde Buenos Aires para Todos, espacio conducido por Claudio Lozano, y desde la Corriente Nacional para la Unidad Nacional, liderada por el sindicalista de la CTA opositora Víctor De Gennaro.

La fractura en este último espacio obligaba a una nueva candidatura presidencial, la de la socióloga Alcira Argumedo, por el ahora destartalado Proyecto Sur, acompañados por el MST y el PSA.

Con este escenario, el arco opositor continuaba, a toda prisa y sin pausa, su metamorfosis en la búsqueda de la fórmula que mejor lo posicione frente al oficialismo kirchnerista.

Un editorial del matutino de la familia Mitre, titulado Las ideas y los hombres, nos grafica lo dramático de la situación: “El panorama político argentino suscita, cuando menos, incredulidad. Después de casi treinta años de ejercicio democrático, los partidos políticos son apenas fachadas para la toma de decisiones por sus elencos dominantes. No pocas veces, esos elencos están constituidos por escasas personas. Las determinaciones más trascendentes y hasta el nombre de los candidatos que se someterán a las consultas de ley se consagran por impulso inconsulto de los líderes y no por el debate y votación de los afiliados. Así las cosas, la atomización del espectro político general es la consecuencia de los caprichos y de las consignas cambiantes y contradictorias de quienes manejan el timón de esas frágiles instituciones. No se debaten ideas: se enjuician hombres y se fijan caprichosos límites. No se elaboran propuestas, sino que se establecen sistemas de exclusiones, fundados en cálculos oportunistas. En cualquier momento los aliados de la mañana se convierten en los apartados de la tarde, o a la inversa (…). Estas desviaciones obedecen a un antiguo mal de nuestra organización política. Desde fines del siglo pasado, nuestros partidos cobijaron en su seno todas las variantes de la ideología. Esa aspiración a representar al todo y no a una parte les permitió apropiarse del poder de manera continua y adaptarse al cambio de las preferencias electorales como el camaleón se asimila con el paisaje. Los cambios de bandos, las asociaciones o rupturas desprovistas de cualquier horizonte conceptual, como el imperio del marketing sobre el debate programático, son distintas formas de fraude. Permiten que el pacto electoral entre los representantes y los representados pueda violarse, ya que nunca adquirió una formulación explícita. Los votantes pueden sentirse encantados por el atractivo personal de los candidatos. Pero una democracia sólida es mucho más que un desfile de modelos, plagado de vedetismos personales. Se necesita que quien ejerce la función pública tenga un mandato. De lo contrario, la gobernabilidad termina degradada en sus peores manifestaciones. El vínculo que deberían establecer las propuestas, las ideas, los programas se sustituye por la coerción de la caja o la fuerza. A veces, parece avanzarse en el camino correcto. El 17 de diciembre último, dirigentes de numerosos partidos políticos pusieron la firma al pie de un ‘Acuerdo de Gobernabilidad y Políticas Públicas’. Se trataba de algunas de las principales figuras de la Coalición Cívica, la Generación para un Encuentro Nacional (GEN), el Movimiento por la Equidad, Justicia y Organización (MEJOR), el Partido Socialista, el Peronismo Federal, el Partido Autonomista, la Unión Pro y la Unión Cívica Radical, entre otros. Pero las interdicciones de carácter personal han neutralizado hasta ahora la posibilidad de cualquier acuerdo más amplio hacia la definición de consensos que puedan traducirse en políticas de Estado (…). Si en los próximos días, la dirigencia política logra poner los caballos delante de los carros, esto es, las propuestas programáticas por encima de las mezquindades personales, tal vez haya espacio para generar en el ánimo colectivo la idea de que una nueva esperanza es posible” (LN 5/6).

Justamente, la imposibilidad de realizar acuerdos programáticos es lo que no posibilita una candidatura unificada. La Nación necesita ocultar ello para poder imponer sus ideas por detrás de cualquier fórmula opositora que quede en pie después del 14 de agosto.

De hecho, venimos observando en tal sentido cómo varios de los candidatos opositores, por no decir la mayoría, vienen acercándose al “programa kirchnerista”, seducidos por los índices de aceptación popular.

De acuerdo a un estudio realizado por la Universidad Torcuato Di Tella, publicado por el matutino La Nación, la credibilidad de la población en el Gobierno volvió a crecer durante mayo un 7% respecto al mes anterior, y un 68% en términos interanuales. Los atributos más destacados, de acuerdo al estudio, son la capacidad (57% de aprobación), la honestidad (52%, frente a todas las denuncias por corrupción), la buena imagen (49%), y el gobierno en beneficio del interés general (38%). Todos estos indicadores crecieron respecto a la medición inmediatamente anterior (LN 3/6).

Con este desfavorable panorama, la oposición apuesta también a los sobresaltos dentro de la fuerza política oficialista. Un hecho trascendental en este sentido será la ruptura del kirchnerismo con el PJ cordobés, impidiendo de esta manera que allí exista una expresión local propia el 7 de agosto, día de las elecciones provinciales. De esta manera, comenzaba a dibujarse un posible escenario de tres derrotas consecutivas para el kirchnerismo (Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba) a materializarse en los meses de julio y agosto.

El otro dato significativo fue el pase del intendente de Malvinas Argentinas, el hasta el momento kirchnerista Jesús Cariglino, a las filas del duhaldismo. “Como Cariglino, muchos intendentes del conurbano no están de acuerdo con el kirchnerismo ni con su forma de gobernar (…). Imagino que muchos se vendrán con nosotros. Ya están cansados de los aprietes del gobierno nacional” (LN 22/6), explicaba el propio Duhalde en un acto del MPA.

El hecho es importante, porque muestra una tendencia que, de no ser frenada a tiempo, tendrá demostraciones en los propio actos electorales bonaerenses, donde la mayoría de los “barones del conurbano” mantienen aún fuertes vínculos con el ex presidente.

Y también, como no podía ser de otra manera, el cierre definitivo de la lista oficialista dejó muchos heridos, tanto en el tradicional aparato del PJ bonaerense como en la CGT y en algunos movimientos sociales: “Cuando termina el cierre de una lista, en todos lados queda gente caliente. Nosotros estamos dentro de ese contexto” (LN 28/6), expresaba el taxista Omar Viviani. Su par de Judiciales, Julio Piumato, también apuntaba directo: “Cristina no tuvo en cuenta al movimiento obrero para defender el modelo en el Congreso” (LN 28/6). Por su parte Luis D´Elía, dirigente de la Federación Tierra y Vivienda (FTV) se quejaba por Twitter: “Gloriosa FTV que bancó a K desde siempre y que salvó al Gobierno del golpe, desde el sábado se siente kelper en su fuerza” (LN 28/6).

Además, las candidaturas a vicepresidente y a vicegobernador de Amado Boudou y de Gabriel Mariotto, respectivamente, dos hombres no provenientes del riñón pejotista, causaba malestar entre los “barones del conurbano”.

De todo ello trataba de aprovecharse el análisis terrateniente, en la pluma de Joaquín Morales Solá. El texto se titulaba “La colonización del peronismo”: “Cristina Kirchner cometió en las últimas horas la audacia política más grande que haya perpetrado el audaz kirchnerismo: echó al peronismo de sus principales ofertas electorales. Amado Boudou y Gabriel Mariotto , colocados en los probables segundos lugares más importantes de la política argentina, son, con todo, sólo síntomas de una colonización mucho más amplia por parte del kirchnerismo de cargos y territorios que antes estaban reservados al peronismo (…). La radicalización del kirchnerismo tiene una enorme magnitud política. Podría significar la implantación definitiva de un partido de poder bajo los signos ideológicos del kirchnerismo cristinista o podría encarnar, por el contrario, la pérdida de la mejor oportunidad política y electoral que tuvo la Presidenta. Esa estrategia que desdeña los matices, que apuesta siempre a todo o nada, pertenece al mapa genético del kirchnerismo, aunque Néstor Kirchner nunca había llegado tan lejos. Una inferencia quedó confirmada: el expresidente era, en el fondo, más peronista y, con todo, más acuerdista que su esposa y heredera política (…). La cadena nacional para anunciar su propia candidatura. El misterio hasta el final sobre su propia decisión y, más aún, sobre quién la acompañará en la fórmula presidencial. La política nacional en vilo, pendiente de la voluntad de una sola persona. El uso de dependencias del Estado para hacer anuncios partidarios. Las listas de candidatos a legisladores nacionales y provinciales sometidas a pruebas, contrapruebas y purgas soviéticas. Las formas de la democracia son ya casi una nostalgia argentina. ¿Está la Presidenta en condiciones de dar el salto que dio? Las encuestas la respaldan ahora y hasta ganaría en primera vuelta si las elecciones fueran el próximo domingo. El problema es que ocurrirán dentro de cuatro meses y que en el medio se metió, ahora, un aire de final de luna de miel. La aguardan noticias ingratas en los principales distritos electorales del país. Mauricio Macri está sacando una importante ventaja sobre su principal competidor, Daniel Filmus. Filmus no está siendo batido por Macri; está enmarañado en los escándalos de Hebe de Bonafini; en las increíbles y extravagantes peleas de la ex conducción del Inadi; en el antisemitismo a flor de piel del kirchnerista Luís D'Elía, y en la batalla campal de los persistentes maestros de Santa Cruz en la propia Capital y contra la propia policía de los Kirchner. Encuestas que maneja el Gobierno señalan que en Santa Fe, donde se elegirá gobernador dentro de un mes, el macrista Miguel Del Sel está a sólo un punto de Agustín Rossi para llegar al segundo lugar; el socialista Antonio Bonfatti está primero en la intención de votos. Otras mediciones ya lo colocan a Del Sel por encima de Rossi, que saldría tercero. Rossi fue abandonado a su suerte por un gobierno nacional que le huye a la derrota como a la peste. El kirchnerismo será ajeno a cualquier resultado de la elección de Córdoba, porque condenó a la indiferencia a José Manuel de la Sota. De la Sota mereció ese escarmiento desde que hizo lo que Scioli se negó a hacer: nombró una candidata a vicegobernadora propia y contra la presión de la propia Presidenta. La Capital, Santa Fe y Córdoba transitan caminos paralelos y ajenos al kirchnerismo. A éste sólo le queda, entre los grandes distritos, la provincia de Buenos Aires. Podría ser suficiente, pero es justo ahí donde Cristina decidió hacer la mayor expurgación de peronismo (LN 26/6).

A este desgaste apuesta la tradicional oligarquía local. El escenario quedaba planteado así para las elecciones del mes siguiente en los tres distritos mencionados, y de cara a la campaña en el corazón del conurbano bonaerense para las primarias de agosto.

Perforar el piso de los 40, el plan oligárquico

Mientras tanto, los intelectuales del diario La Nación comienzan a construir dicho escenario en el plano de las ideas.

El primero de ellos es el historiador liberal Natalio Botana, en su columna titulada “La exaltación del pluralismo”: “Por lo visto, ya está completo el repertorio de los pretendientes a la presidencia. Son cinco ofertas, si excluimos a los candidatos ubicados en la izquierda y al candidato puntano, A. Rodríguez Saá. De mayor a menor, según indican encuestas preliminares, tendríamos la fórmula kirchnerista, la de Alfonsín-González Fraga, y luego el lote que forman Duhalde-Das Neve, Carrió-A. Pérez y Binner-Morandini. Este es el efecto, acaso previsible, de un clima impregnado por un faccionalismo pertinaz (…). Más que oportunista, el Gobierno sigue instalado en unos resultados y en una ideología, ambos elevados a la categoría de dogma, que le permiten destacarse en la carrera. Resta conocer cuál de los otros cuatro candidatos podría desafiarlo con más enjundia. Es un trance difícil que atraviesa varios escenarios, delimitados por el sistema de ballottage incorporado a la reforma constitucional de 1994 (un candidato es elegido presidente con el 45% de los votos, o bien con un porcentaje superior al 40% y diez puntos de diferencia con su seguidor inmediato). El primero de estos escenarios, más favorable para las oposiciones, sería aquel en el que se inclina la intención de voto del oficialismo hacia abajo del 40%. Aquí el pluralismo de las cinco candidaturas habría logrado desempeñar con éxito la función de recortar desde diferentes lugares el bloque electoral del oficialismo. Si en cambio el oficialismo traspone el umbral del 40%, sin llegar al 45%, entonces el respaldo al candidato que lo desafía desde el segundo puesto debería aumentar para abrir el cepo de los diez puntos de diferencia. De algún modo, según esta hipótesis, habría que polarizar al elección” (LN 16/6).

La orden es explícita: hay que ir a las primarias con las cinco candidaturas. Si ello debilita al kirchnerismo desde diversos ángulos, podría permitir hacer caer la candidatura oficialista del piso del 40%. Si esto no se logra, habrá que unificar la oposición en el que haya quedado segundo. La apuesta, en ambos casos, es a segunda vuelta.

Consciente de que por sí mismos no lo lograrán, Luis Gregorich escribe en el mismo matutino una columna titulada “Cristina y el mágico 40”. El título lo dice todo. Hay que hacer que se quiebre ese número. Para ello, se apuesta al desprestigio: “¿Qué pasaría si la Presidenta, por la acumulación de distintas situaciones desfavorables –la profundización de las investigaciones sobre la corrupción estatal y paraestatal, sólo iniciadas con el caso Schoklender; la creciente percepción de los estragos que causa la inflación, minimizados por el Gobierno–, perdiera 4 o 5 puntos? (…). Los candidatos principales de la oposición han sido proclamados y merecen ser valorados, por diferentes motivos. Ricardo Alfonsín está dispuesto a recoger la herencia de su padre, postular el consenso y rechazar la confrontación. Hermes Binner, excelente administrador de la importante provincia de Santa Fe, sigue la tradición socialista de esfuerzo y honestidad. Elisa Carrió, con su intransigencia moral, se ha convertido en implacable fiscal de los desafueros oficialistas. Eduardo Duhalde conserva prestigio y reconocimiento, en especial en sectores desfavorecidos. Y hay que agregar los méritos de por lo menos dos fórmulas recientemente presentadas, por su valor agregado: Alfonsín-González Fraga y Binner-Morandini. Cada uno de ellos debería replantear su campaña y, en lo posible, dirigirse, con inteligencia, a la ciudadanía que le es más afín y que, hoy por hoy, se halla vacante e indecisa. Alfonsín, al clásico electorado de su partido centenario, y al de orientación centrista que carece de candidatos serios; Binner, a la izquierda independiente y al sindicalismo antikirchnerista; Elisa Carrió, a la juventud y a los rebeldes de todos los matices, y Duhalde, a las capas más tradicionales e institucionales del peronismo. Ya vendrán eventuales acuerdos para la segunda vuelta, que aunque hoy parece una utopía sólo necesita unos pocos puntos de ascenso de cada candidato opositor. Así la dispersión puede ser virtud y no defecto, y la polarización tornarse innecesaria para la vuelta inicial. Y en todo caso la campaña no será un aburrido y triunfal paseo, sino una incisiva lucha de valores” (LN 18/6).

Al día siguiente, en su habitual columna dominical, Mariano Grondona invertía los términos del asunto, trasladando el problema a la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, bajo el título “La Presidenta duda” ¿Qué dudas tendrá la Presidenta?: “A Cristina la acosan tres dilemas ‘reales’. El primero es si vencerá o será derrotada el 23 de octubre. El verbo ‘vencer’ podría conjugarse para ella de la siguiente manera: lograr en esta fecha el 40 por ciento de los votos contra menos del 30 por ciento de quien la secunde en las urnas. Así podría vencer en la primera vuelta. Esta es la única vía expedita para su victoria, ya que, de no transitarla, probablemente Cristina sería derrotada en la segunda vuelta contra el único rival que quedaría para desafiarla, cuando el ‘no kirchnerismo’ tendría que reunir forzosamente en un solo haz, por disposición de la ley electoral, a los cinco segmentos que hoy lo componen detrás de las candidaturas presidenciales de Alfonsín, Duhalde, Rodríguez Saá, Binner y Carrió. A estas alturas de los acontecimientos, es altamente probable que Cristina pierda en tres de los cuatro grandes distritos, que concurrirán a las urnas por dos veces, ‘antes’ y ‘durante’ el 23 de octubre: la Capital Federal, Santa Fe y Córdoba. La incertidumbre que queda por develar es si, de la mano de Daniel Scioli, Cristina podrá compensar en el gran distrito de la provincia de Buenos Aires –el mayor de todos– y el único entre ellos donde sólo se votará el 23 de octubre– las diferencias que obtengan sobre ella sus rivales en los otros tres distritos” (LN 19/6).

El análisis es bajado al terreno más llano aún por el periodista político Fernando Laborda, bajo el título “¿Se le puede ganar a Cristina Kirchner?”: “Un primer análisis indica que una oposición dividida en siete alternativas (Alfonsín, Elisa Carrió, Duhalde, Rodríguez Saá, Binner, Argumedo y Jorge Altamira) tiene muchas menos probabilidades de vencer. La atomización plantea el hipotético escenario de que, aun no llegando al 45%, Cristina Kirchner alcance al 40 o algo más, y supere por más de diez puntos al segundo y obtenga la victoria en la primera vuelta. Claro que también la gran oferta de candidatos podría restarle algunos votos a la Presidenta e impedirle llegar a los 40 puntos, lo cual llevaría a una segunda vuelta con el postulante opositor mejor ubicado (…). La segunda esperanza de no pocos dirigentes opositores es que las tres grandes elecciones distritales que vendrán (Capital Federal, el 10 y el 31 de julio; Santa Fe, el 24 de julio, y Córdoba, el 7 de agosto) arrojen derrotas para el kirchnerismo que ayuden a desterrar el mito nacional de que Cristina ya ganó. Inmediatamente, vendrán las primarias abiertas del 14 de agosto. Una elección en la cual no habría competencia, interna pues sólo se presentarían listas únicas. Lo absurdo de esta situación llevó al candidato a gobernador Francisco de Narváez a comentar que esos comicios no deberían realizarse. Quizá no advirtió que esas primarias pueden ser una oportunidad para realineamientos posteriores en la oposición, que terminen mitigando su fragmentación actual. No sólo porque desaparecerán de la competencia aquellos candidatos que no consigan el 1,5% de los votos, sino porque otros que no alcancen un resultado satisfactorio tal vez decidan abstenerse de presentarse en octubre y dar su apoyo a otro postulante con mejores chances. Las primarias serán, por eso, bastante más que un match de práctica informal (LN 24/6).

El plan opositor ya quedó, de esta manera, definido. Obviamente, no es diseñado por ninguno de los actores protagonistas, sino por quien tiene capacidad estratégica de utilizar las diferentes alternativas para sumar hacia su idea, es decir, los tradicionales sectores dominantes de nuestro país expresados a través del órgano de prensa terrateniente La Nación.

 Habrá que ver si la realidad les da la razón.



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