Revista Mensual | Número: Abril de 2019
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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La visita de Benedicto XVI a la región

1) La Iglesia en América Latina: fuga de fieles en el continente de la esperanza

2) La Iglesia en América Latina: Algunos ejemplos en Brasil de lo buscado por Ratzinger

3) La Iglesia en América Latina: ¿La iglesia es fe y no ideología?

  


1) La Iglesia en América Latina: fuga de fieles en el continente de la esperanza

Es común que cuando se realizan las conferencias episcopales en Latinoamérica, la máxima autoridad de la Iglesia Católica, el Papa, visite el evento y que su intervención modele la agenda temática. En otras ocasiones, como en la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano de 1968, el entonces Papa, Paulo VI, se había hecho presente en la sede del encuentro, Medellín. También, el Papa anterior al actual, Juan Pablo II, se había hecho presente en Santo Domingo, en la IV Conferencia (1992).

Ahora bien, la visita de Benedicto XVI -por varias razones- no fue para nada inoportuna. La línea dura del discurso, reafirmando el mensaje del Evangelio pero también intercediendo en la región por medio de posicionamientos claramente políticos, obliga al conjunto de los obispos a redireccionarse en la región. Por otro lado, la contienda tenía lugar en Brasil, el país con mayor cantidad de católicos en el mundo pero que en los últimos tiempos ha perdido una buena cantidad de ellos. Según estimaciones recientes, llegarían a alrededor de 20 millones los que han migrado de ese credo (ver más abajo). Luego de Brasil (138 millones de católicos), siguen México (algo más de 100 millones), EE.UU. (63 millones), Filipinas, Italia, Polonia, España y Colombia, en ese orden (C 10/5).

Por otro lado, es Brasil un país donde la separación entre Estado e Iglesia tiene una larga tradición que el Papa está dispuesto a minar, como parte de su estrategia de reponer para la Iglesia el control de ciertos aspectos que en manos del Estado escapan a su doctrina. Algunos de ellos tienen que ver con la prohibición del aborto, las políticas anticonceptivas -como la entrega de preservativos-, la educación religiosa en las escuelas, entre otros. Cuestiones éstas que, particularmente en Brasil, le presentan varios desafíos a las estrategias papales.

Así fue que -recién llegado a Brasil y previamente al comienzo de la V Conferencia-, ordenó a los obispos "un esfuerzo evangelizador para salvar a todas las almas. (...) Los tiempos presentes resultan difíciles para la Iglesia y sus hijos están atribulados".

En relación con su visita al continente, dijo: "América Latina es el Continente de la esperanza, es mi primera visita pastoral a América Latina y me preparo espiritualmente a encontrar el subcontinente latinoamericano, donde viven casi la mitad de los católicos del mundo entero, muchos de los cuales son jóvenes" (C 7/5).

Algunos datos. En los últimos años, la disminución de católicos en Brasil es de alrededor de un 10%, según el matutino brasileño Folha de S­ao Paulo (FSP 6/5). Según el propio, Vaticano hay 155 millones de bautizados sobre 190 millones de habitantes, y estima la Santa Sede que la pérdida es de alrededor de 20 millones de fieles en el transcurso de la década del '90. Pero tomando los últimos 50 años, el catolicismo en la región perdió un 20% de fieles en relación al crecimiento de su población. Entre 1974 y 2004, la población creció en la región un 77%, mientras que la cantidad de católicos creció un 67%. El crecimiento de los sacerdotes también sigue la tendencia: creció sólo un 44% y, en comparación con Europa, su número es menor, ya que el viejo continente tiene el 25% de los fieles católicos y el 50% de los sacerdotes, mientras que América tiene el 42,6% de los fieles y el 16% de los sacerdotes (C 16/5)[1].

Ante este cuadro, el discurso del Papa en la conferencia del CELAM fue claro y conciso. La cuestión de la fuga de creyentes hacia otros credos, sobre todo hacia las "nuevas iglesias cristianas", y los motivos de dicha fuga fueron epicentro de la retórica del Papa, quien reconoció "un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la propia pertenencia a la Iglesia Católica en América Latina por el secularismo, el hedonismo, el indiferentismo y el proselitismo de numerosas sectas, de religiones animistas, y de nuevas expresiones seudoreligiosas"(C 14/5). Ante esta situación, "justa preocupación", afirmó Ratzinger sentir, por la fuga de millones de "fieles católicos atraídos por el proselitismo agresivo de las sectas"; pero también aclaró que el motivo de huída del credo católico es la falta de una evangelización "en la que Cristo y su Iglesia estén en el centro de toda la explicación". La causa de la huída se relaciona con su remedio, pero en relación inversa. Si falta la imagen de Cristo y de la Iglesia y hay un debilitamiento de la vida cristiana -de la forma en que la Iglesia Católica la entiende-, para evitar ser captados por otros credos cristianos o por los ataques agnósticos y laicos, la propuesta papal es redoblar la dosis de lo que falta. Justamente, el objetivo es retener a esas personas vulnerables que, "no suficientemente evangelizados, (...) son incapaces de resistir a los ataques del agnosticismo, del relativismo y del laicismo".

2) La Iglesia en América Latina: Algunos ejemplos en Brasil de lo buscado por Ratzinger

Días antes de llegar a Brasil, el papado había dado un ejemplo de su apuesta a influenciar sobre temas como el aborto, la relación entre Iglesia y estado, la educación religiosa, entre otros que se destacan. Los principales esfuerzos desde Roma, antes de la llegada de Ratzinger a Brasil, se concetraron en imponer enseñanza religiosa obligatoria en las escuelas estatales e impedir la legalización del aborto. Anticipándose a un conflicto en puerta, el presidente Lula dejó sentada una posición que no tenía vuelta atrás: "La cuestión del aborto es una cuestión de salud pública. (...) Ante la muerte de jóvenes desesperadas (que llegan a utilizar métodos arcaicos para interrumpir la gravidez, como el uso de agujas de tejer), el estado no puede abdicar de cuidar de esto como una cuestión de salud, [por más que] como ciudadano sea contrario al aborto" (C 8/5). Recordemos, también, que en Brasil el gobierno defiende la unión civil entre homosexuales y también el empleo de embriones para la ciencia, cuestiones a las que también se opone la Iglesia.

El planteo del Papa y la respuesta "de estado" de Lula se basan en los siguientes números. Con respecto al aborto, en Brasil 220 mil mujeres fueron atendidas en 2006 por abortos ilegales, según el gobierno, y el total sería de 1, 4 millones por año (legales e ilegales). Allí es legal el aborto sólo en casos de violación, riesgo para la madre o incesto. Por otra parte, la iniciación sexual en Brasil es cada vez más precoz, las mediciones indican que los jóvenes brasileños tienen su primera relación sexual a los 15 años (C 12/5).

Ante estas cuestiones, el Papa se pronunció de la siguiente manera, en una clara alusión a la situación actual en Brasil sobre leyes que defienden el aborto, la unión civil y el empleo de embriones para la ciencia: "Es atacada impunemente la santidad del matrimonio y de la familia, comenzando por hacer concesiones frente a presiones capaces de incidir negativamente en los procesos legislativos. (...) La confusión desorientadora aumenta cuando se justifican algunos crímenes contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual" (C 12/5).

Como la visita era pastoral, no debía firmarse ningún protocolo oficial, por lo que, si bien se reunieron el presidente y el Papa, el encuentro tuvo un carácter más bien informal. La diplomacia brasileña le hizo saber a la Santa Sede que no podía haber acuerdos en materia de aborto, de preservativos, de educación religiosa y todos los temas polémicos que la Iglesia quiere imponer como agenda para su renovación. El vocero del Lula, Marcelo Baumbach, consultado por la prensa sobre los temas a tratar en el encuentro, días antes, afirmó que "no existe la intención de tratar esos asuntos, (...) la agenda dependerá de la dinámica de la discusión" (C 9/5). La estrategia diplomática consistió en responder rápido a los mensajes del Vaticano para no tener que discutirlos en presencia papal, durante la cual el gobierno se mostró bien predispuesto a la visita. Ni bien bajó del avión, el Papa dio un mensaje frente a Lula en contra de la eutanasia y el aborto, al remarcar que "la identidad cristiana en Brasil, al promover el respeto por la vida desde su concepción hasta su natural ocaso, hará de esa identidad el eje de la solidaridad, especialmente con los pobres y desamparados" (C 10/5). El presidente Lula, apelando a la diplomacia mediadora frente a la autoridad católica, declaró: "Brasil lo recibe con los brazos abiertos", sin contestar nada sobre los otros temas. Sí remarcó Lula que su función "es preservar y consolidar un estado laico", tal como lo dictan las leyes de su país (C 11/5). El prestigioso diario formador de opinión, Folha de S. Paulo, afirmó en un editorial que "imponer a los alumnos la religión en las aulas es una flagrante violación de la Constitución, que asegura la libertad de conciencia y el libre ejercicio de los cultos religiosos" (FSP 10/5).

 Como entre Brasil y la Iglesia existe una "larga tradición de respeto mutuo", la estrategia en el planteo de Lula consistió en acercar lo que, supuestamente, pueden tener en común Brasil y la Iglesia: la bandera de la lucha contra la pobreza. Bajo ésta, Lula quiso acercar posiciones con la Santa Sede para lanzar en conjunto una "cooperación internacional" para el "combate contra el hambre y la pobreza". En ese sentido, Lula aclaraba: "Sabemos que no hay cómo afirmar valores perenne de la persona humana sin ofrecer un futuro digno en todas sus dimensiones, materiales y espirituales" (C 10/5). Una forma de no ceder pero de no confrontar tampoco y disparar los temas conflictivos hacia un posible ámbito de caminos comunes, como el de la lucha contra la pobreza[2].

3) La Iglesia en América Latina: ¿La iglesia es fe y no ideología?

La cuestión regional se hizo presente en la visita del Papa. Fácil de imaginar es que, ante el conservadurismo de Benedicto XVI, algunas tendencias políticas que se vienen dando en América Latina -y que analizamos mensualmente en esta revista- no sean de agradado para la máxima autoridad católica. Los caminos hacia el "socialismo del siglo XXI" de Venezuela y Bolivia y el desarrollo de un proyecto de integración como el ALBA -opuesto al ALCA y a los TLC's, pero también con lazos de integración diferentes a los que sigue sosteniendo el MERCOSUR- vuelven a instalar una discusión política que los finales de la Guerra Fría y el ascenso del neoliberalismo en la región parecían haber enterrado. Antiimperialismo, socialismo, estatización, planificación de recursos, integración continental, más allá del estado en que se encuentre su desarrollo y de la forma que tome en cada lugar, no son de simpatía para los sectores conservadores del catolicismo, que tomaron partido claro sobre estas cuestiones en otras épocas de disputa.

Así, Benedicto XVI fijó postura en torno a los procesos políticos recientemente mencionados. En el discurso de apertura de la V Conferencia de Obispos de América Latina, declaró: "En América Latina y el Caribe, igual que en otras regiones, se evolucionó hacia la democracia, aunque haya motivos de preocupación ante formas de gobierno autoritarias o sujetas a ciertas ideologías que se creían superadas, y que no corresponden con la visión cristiana del hombre y de la sociedad". Ante las consultas de los medios sobre si se refería a algún gobierno en particular -como por ejemplo Venezuela-, el arzobispo de Mérida, ciudad de ese mismo país, aclaró que "no sólo se refería a ese país, sino en general a Sudamérica y parte de Centroamérica" (C 14/5).

Al mismo tiempo, el Papa se pronunció sobre las economías de corte neoliberal que marcaron la etapa de los años '90 y sobre los efectos que tuvieron algunas de sus políticas, diferenciándose tanto de los gobiernos de corte socialista como de los capitalismos neoliberales más crudos, ya que por encima de ambos se encuentra la Iglesia. En alusión al neoliberalismo, dijo que "ciertas economías deben tener presente la equidad, pues siguen aumentando los sectores sociales que se ven afectados cada vez más por una enorme pobreza e, incluso, expoliados de los propios bienes naturales". En torno a ambas concepciones, dijo que "el error destructivo (del capitalismo y del marxismo) es haber querido excluir a Dios de la realidad" (C 14/5). Como si esta apreciación no fuese de carácter político, remarcó la misión esencialmente religiosa de la Iglesia por sobre cualquier accionar político o social: "Anunciar el Evangelio no es una fuga de la realidad hacia un mundo espiritual".

Otro capítulo de este posicionamiento político lo dedicó a la Teología de la Liberación. La cuestión toma mayor relevancia en un continente que estuvo identificado con la Teología de la Liberación como herramienta de vinculación entre el pueblo y sectores de la Iglesia que apostaron al cambio político y social. Con respecto a la interpretación de la tradición apostólica y fiel a su estilo de evitar los "desvíos", Ratzinger declaró que "es necesario trabajar con el evangelio en las manos y basados en la correcta herencia de la Tradición Apostólica, sin interpretaciones movidas por las ideologías racionalistas". Luego, describió a esta concepción teológica como "fácil milenarismo" y afirmó que fueron "promesas erradas las que hacían creer que con una revolución se podían lograr condiciones adecuadas para una vida plena" (LN 10/5). Cabe recordar que Brasil es uno de los epicentros del desarrollo de la Teología de la Liberación en América Latina.

Las respuestas no tardaron en llegar, de parte de aquellos sectores progresistas de la Iglesia que, otrora, se referenciaron en la Teología de la Liberación. Le criticaron al pontífice privilegiar la ortodoxia doctrinaria y no un mayor compromiso real con los pobres. El principal referente de la Teología de la Liberación en Brasil, Leonardo Boff, declaró ante los dichos del Papa: "El modelo de Iglesia que quiere el Papa es de unos pocos supuestamente muy puros" (C 14/5). Otros sectores progresistas católicos, también vinculados con la Teología de la Liberación, no se privaron de críticas. Pedro Casaldáliga, obispo ya retirado, pidió que la iglesia flexibilice su posición frente al control de la natalidad y tenga una actitud misericordiosa con la mujer que aborta (C 15/5).

Pero las palabras más confortativas llegaron de Frey Betto, uno de los máximos exponentes de la postura teológica que más dolores de cabeza le ocasionó a la Iglesia en las últimas cuatro décadas, quien dijo a la prensa que la Teología de la Liberación "sigue con mucha fuerza en Brasil, más allá de las censuras y advertencias del Vaticano que, es bueno aclarar, nunca la condenó de manera formal". Por el contrario, la Teología de la Liberación fue incorporada en la doctrina de la Iglesia: "Llegó al Vaticano en la segunda fase del pontificado de Juan Pablo II. (...) Temas como el neoliberalismo, deuda externa, imperialismo, desigualdad social, que sólo abordaba entonces la Teología de la Liberación, luego fueron temas de pronunciamientos y documentos de Juan Pablo II", recordó Betto. Luego agregó que el Papa "tiene una visión demasiado eurocéntrica" del mundo. La jugada de Frey Betto fue demostrar cómo la Iglesia, de acuerdo al contexto político, reinterpreta y asimila todos los posicionamientos, hasta incluso los más críticos, para evitar fracturas y adaptarse a las demandas de sus fieles. Así, entendía como positivo que muchas cuestiones planteadas desde esa concepción llegaron a estar en la agenda del anterior Papa, Juan Pablo II.

En esta misma dirección de analizar la asimilación pero con otra conclusión de ese acercamiento, llegó la respuesta del arzobispo de Aparecida -ciudad de Brasil donde se realizó la cumbre de obispos-, Raymundo Damasceno Assís, para quien "todo lo positivo que tenía la Teología de la Liberación fue asimilado por las enseñanzas de la Iglesia, (...) ya no queda gente dentro de la Iglesia que busque lograr una transformación social a través de la revolución. Se trata de una transformación del corazón que, si es sincera, tendrá consecuencias en un cambio social".

Otro tema sensible que desplegó Ratzinger fue el tema de la llegada de los occidentales al continente americano con su prédica del Evangelio. La conquista y colonización de América, si bien sigue produciendo un amplio debate acerca de sus causas, formas y características, no otorgaba discusión ya sobre la cuestión de la conquista e imposición de alguien sobre otro, es decir, de los europeos sobre las sociedades americanas. Pero el Papa mostró sus dudas sobre el tema y causó un gran revuelo, del cual luego se intentó desdecir, sin mucha fortuna.

Lo que disparó la polémica fueron las siguientes declaraciones: "El anuncio de Jesús y de su Evangelio no comportó una alineación de las culturas precolombinas, ni una imposición de una cultura extranjera". Además, indicó que "para los indígenas haber conocido a Cristo durante la colonización significó conocer y acoger al Dios desconocido que sus antepasados, sin saberlo, buscaban en sus ricas tradiciones religiosas" (C 14/5).

Cabe recordar que, ante este tema, el anterior Papa, Juan Pablo II, al celebrar el comienzo de la evangelización del nuevo mundo había pedido perdón por las terribles injusticias que sufrieron los indígenas que habitaban lo que hoy es América Latina y el Caribe, por el genocidio realizado en nombre de Cristo durante la colonización. España, Portugal y la misma Iglesia -artífices de aquella conquista y colonización- habían aceptado que millones de indios fueron exterminados tras la llegada de los conquistadores europeos. En la IV asamblea del CELAM, que se realizó en Santo Domingo en 1992, el entonces Papa Juan Pablo II condenó el genocidio de los indígenas. Por otra parte, el Papa actual no recibió a ninguna delegación de indígenas, en contraste con su predecesor polaco, quien durante sus giras por Brasil se reunió siempre con los representantes de los nativos precolombinos.

En este marco, llegaron las críticas al discurso de Benedicto XVI. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, dijo que el Papa "debe pedir disculpas por el holocausto contra los indios de América. ¿Cómo puede decir estas cosas? (...) Llegaron a evangelizar con los trabucos, ¿cómo puede decir que no fue una imposición? ¿Por qué nuestros indios debieron refugiarse en las montañas y los bloques?". El presidente de Bolivia, Evo Morales, se sintió "preocupado" y pidió explicaciones oficiales al nuncio apostólico, embajador del Papa, Monseñor Ivo Scapolo (C 25/5). En cuanto a las declaraciones del Papa en el sentido de que la religión no fue impuesta a los indígenas, el ex candidato a la presidencia de Bolivia, de origen aymará, Felipe Quispe, dijo que "difieren profundamente de la historia". Por su parte, el historiador brasileño Waldir Rampinelli, de la Universidad Federal de Santa Catarina, dijo que el Papa "debería leer a Bartolomé de las Casas", el cura dominico español que denunció en el siglo XVI atrocidades cometidas por los conquistadores de América en nombre de la fe.

Días después, ya en el Vaticano, Benedicto XVI intentó ratificarse y desdijo el mensaje que dio en Brasil. El Papa reconoció ahora que hubo sufrimientos e injusticias sufridos por los indígenas americanos y dijo: "El recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización del continente latinoamericano. No es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias hechas por los colonizadores a las poblaciones indígenas, con frecuencia avasalladas en sus derechos humanos y fundamentales" (C 24/5).

Haciendo balance de la visita del Papa, algunos diarios se preguntaban sobre el efecto de este tipo de actitudes, actitudes que podríamos denominar como posicionamientos ideológicos, por más que se enmascaren de fe. Otros analizaban la escasa concurrencia a los encuentros en que el Papa se expuso a la población, en el país con mayor cantidad de católicos del mundo. Si bien es sólo un dato menor, es significativo que "sólo concurrió un tercio de lo esperado en los dos grandes encuentros de San Pablo y al Santuario de Aparecida", donde el Papa le habló a sus fieles.



[1] En relación con otras religiones, el número de católicos en el mundo se encuentra por debajo del de los musulmanes: 1322 millones de islámicos (divididos en 1152 millones de sunnitas y 170 millones shiítas) superan a los 1115 millones de católicos en el mundo. Sin embargo, la cantidad de cristianos es de 2153 millones, ya que además de los católicos se suman 360 millones de protestantes, 200 millones de ortodoxos, 75 millones de anglicanos y 400 millones de "nuevos cristianos", como se suele denominar a las iglesias evangélicas o pentecostales. El credo monoteísta más antiguo, la religión judía, suma 14,6 millones. En China, dos grandes creencias dividen a la mayoría de su población: los seguidores de Confucio suman alrededor de 400 millones de fieles, mientras que el budismo suma 378 millones de fieles, y otras religiones asiáticas 260 millones. Los que no se identifican con ninguna religión son 772 millones.

[2] Pasamos revista a la situación de la Iglesia en otros países de la región. En México, donde hay una clara separación entre Iglesia y Estado, sonaron tambores de guerra y amenazas de excomunión en los últimos días por parte del Vaticano, cuando los legisladores aprobaron en Ciudad de México -gobernada por el PRD de López Obrador desde 1997- la despenalización del aborto. Si bien esas declaraciones a favor de la excomunión que realizó el Papa desde el avión que lo llevaba a Brasil intentaron ser rectificadas, tuvo efectos negativos para la Iglesia en aquel país. También en Chile la Iglesia había chocado con la presidenta socialista Michelle Bachelet, quien se declara agnóstica, es madre soltera de tres hijos y divorciada. En 2006, la Conferencia Episcopal comparó a su gobierno con un régimen totalitario por decidir la entrega gratuita de la "píldora del día después". En Bolivia, los vínculos entre el gobierno del presidente Evo Morales y la Iglesia Católica han sido tensos. La Constitución boliviana declara al catolicismo religión oficial, cuestión que cambiaría profundamente en el actual proceso de reforma que encara la Asamblea Constituyente, donde la iniciativa del partido gubernamental Movimiento al Socialismo (MAS) apunta a un estado laico con libertad de culto. Tras los enfrentamientos con Cuba en los años 60, cuando el avance de la revolución expulsó a los sacerdotes extranjeros y nacionalizó centros educativos y medios de prensa religiosos, la relación mejoró luego de la visita del papa Juan Pablo II en 1998. Algo similar ocurre en Venezuela, donde las relaciones fueron tensas desde que Chávez asumió el poder en febrero de 1999. Tal vez el punto de fricción mayor fue en abril de 2002, cuando el fallecido cardenal José Ignacio Velasco acompañó la intentona golpista contra Chávez. También en Nicaragua, la Iglesia y el gobernante Frente Sandinista sellaron hace dos años su reconciliación. Durante su primer gobierno (1979-1990), los sandinistas se enfrentaron con la Iglesia y fueron acusados de perseguir a los obispos que se les oponían. Ahora, la Iglesia respalda parte del proyecto político del presidente Daniel Ortega, sobre todo la cuestión de "buscar el desarrollo y el progreso" con el apoyo de todos los sectores. Información extraída de los diarios argentinos La Nación y Clarín.

 

 



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